PEDAGOGÍA
NUEVA Y EXPERIENCIA A LA LUZ DE DEWEY
Por: Silvia Calderón y Yuly Durán
La educación siempre ha sido un campo que posibilita el estudio y análisis
desde diferentes perspectivas. Por lo tanto, en el presente texto, abordaremos
la propuesta que hace John Dewey (1939) en su texto “Mi Credo Pedagógico. Teoría
de la educación y sociedad.”, con el fin de reflexionar sobre cuatro categorías
fundamentales en nuestro crecimiento profesional como educadores. La primera de
ellas es abordar los planteamientos sobre educación que propone el autor y
aquella postura crítica que asumimos frente a dicha perspectiva; la segunda
categoría, pretende ahondar sobre el concepto de experiencia educativa que se
pudo inferir del texto propuesto; en tercer lugar, analizar la concepción del
maestro, según Dewey en su texto; finalmente, profundizar sobre la relación
escuela-sociedad y reflexionar sobre la importancia de este aspecto en nuestro
rol como maestros.
Teniendo en cuenta lo anterior, es fundamental iniciar por destacar que
para John Dewey la educación cumple un papel importante en el desarrollo del
ser humano, pero que depende de esa estimulación de las capacidades que tiene
el niño, para potencializarlos a partir de sus gustos e intereses. Por lo
tanto, se plantea que la educación es un proceso de vida, que no debe
desvirtuarse y centrarse solo en el plano de la transmisión de conocimiento. Teniendo
en cuenta esto, es fundamental mencionar que la mirada hacia un estudiante debe
realizarse desde dos perspectivas específicamente: el psicológico y social;
pues los instintos y capacidades constituyen el punto de partida de la educación
pues desde estos dos ámbitos el niño puede enfrentarse a la realidad y a su
contexto social específicamente.
Por otro lado, encontramos el concepto de experiencia educativa que se pudo
inferir a partir de la lectura, ya que el autor constantemente menciona la
importancia de que el proceso educativo sea vista de una manera integral. De
esta manera, podemos plantear que esta doble mirada permite entender la
educación como un proceso completo y no solo desde lo meramente cognitivo. Es
decir, la experiencia educativa debe “comenzar con un conocimiento psicológico
de las capacidades, intereses y hábitos del niño” Dewey (1939), y comprender
las relaciones que se establecen con el mundo, con los otros y consigo mismo.
Sjn embargo, esta experiencia educativa no puede estar alejada del contexto
propio de los estudiantes pues se parte de la conciencia social de cada uno de
ellos frente a los diferentes retos y adversidades para que después exista un
impacto claro en la reconstrucción social.
En tercer lugar, es necesario analizar la percepción de maestro que propone
el autor, ya que se rompe con el paradigma de que el maestro está en la escuela
para impartir conocimiento o formar al niño en determinados hábitos. En otras
palabras, se privilegia la comprensión del rol del maestro desde una mirada
integral, ya que él es parte de la comunidad en la que el niño interactúa y
puede orientar lo que afecte o no su proceso de formación. Por lo tanto, se
propone que el profesor mantenga una observación constante de los intereses del
niño y fomentar procesos de aprendizaje para la vida. Así como una observación
continua y simpática, pues le permitirá al docente potenciar hábitos para la
vida y capacidad racional y de pensamiento que impacte sin lugar a duda y lleve
al estudiante a ponerse en el centro del proceso y el docente, que antiguamente
ocupaba el maestro y pasa al trabajo en comunidades con la finalidad de
desarrollar el trabajo en equipo y los procesos de pensamiento.
Finalmente, hablar sobre la relación escuela y sociedad cobra real
importancia, ya que la escuela es el medio perfecto para impactar a la sociedad
desde su desarrollo y progreso, convirtiéndose en el camino para fomentar
experiencias humanas significativas. Por eso es importante, que desde la misma
sociedad se reconozca y valore la misión de la educación en la escuela,
dignificando los procesos que allí se acompañan. Es importante mencionar que para Dewey, la
escuela debe cambiar su perspectiva de materias y partir el proceso de enseñanza
aprendizaje a partir de las actividades propias del niño e incluir otros
aspectos que son fundamentales para su desarrollo social como el trabajo
manual, la costura, etc.
Desde esta perspectiva, cobra importancia la necesidad de que la sociedad
realice un cambio en su visión frente al panorama educativo, pues
verdaderamente gran parte de la esencia del proceso educativo está marcado por
la finalidad social, así como lo plantea Dewey El progreso no está en la
sucesión de estudios, sino en el desarrollo de nuevas actitudes y nuevos
intereses respecto a la experiencia.
En conclusión, los postulados propuestos por Dewey nos permiten
resignificar nuestra labor y comprender que ser educadores en primera instancia
depende la comprensión del niño desde sus dimensiones y no limitar nuestro rol
a un espacio, tiempo y actividades cognitivas, que sesgan el verdadero fin de
la educación. Por el contrario y teniendo en cuenta el sesgo de tiempo desde
estos postulados y la actualidad, presenta una visión renovada frente al
acompañamiento de los docentes en los procesos de los estudiantes, un cambio de
perspectiva frente a lo tradicional y una real perspectiva de lo social lo cual
es fundamental dentro del fin de la educación como tal desde la mirada de los
ideales individuales y sociales, bases para una resignificación y
reconstrucción social que lastimosamente hoy en día se encuentra más alejada de
los ideales planteados.
REFERENCIAS
Dewey, J. (1939). Mi credo Pedagógico. Buenos Aires, Losada. Disponible en:
https://www.fceia.unr.edu.ar/geii/maestria/TEMPORETTI/Dewey_Mi_credo_Pedagogico.pdf